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La bolsa de trucos

Publicación:  lunes 11 octubre 2021   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. 1 Corintios 15:58


Reflexión

En su libro The Life God Blesses (La vida que Dios bendice), Gordon MacDonald cuenta la historia sobre sus experiencias en el equipo de atletismo de la Universidad de Colorado a finales de los años cincuenta.

En particular, recuerda los ejercicios tan duros que tenía que hacer con un compañero de nombre Bill. “Todavía hoy día me angustio al pensar en aquellos ejercicios cada lunes por la mañana. Cuando las prácticas terminaban, me iba tambaleando a los vestidores”.

Pero Bill era diferente. Sin duda aquellos ejercicios eran igualmente difíciles para él, pero cuando terminaba, se quedaba descansando en el césped cerca de la pista de atletismo. Después de unos veinte minutos, mientras Gordon se duchaba, Bill hacía todos los ejercicios otra vez.

Pero Bill no se consideraba un atleta excepcional entre sus compañeros. Durante el tiempo que estudió en la Universidad de Colorado, nunca ganó una medalla en competencias nacionales ni jamás integró un equipo de estrellas. «No era un gran atleta», recuerda Bill, «pero tenía una teoría … la teoría de la bolsa de trucos: no hay un movimiento importante que puedas hacer en tus prácticas o en las competencias, pero hay miles de pequeñas cosas que sí puedes hacer».

Es probable que Bill no haya hecho un gran impacto durante sus años en la universidad, pero su disciplina y empeño le pagaron buenos dividendos. Sus dos mejores especialidades eran el salto largo y los 400 metros.

Siguió trabajando en ambas modalidades y añadió otras disciplinas para poder competir en el decatlón. Gracias al esfuerzo disciplinado y un constante mejoramiento, el poco espectacular atleta universitario que había trabajado junto a (y adelante de) Gordon MacDonald, se convirtió en un atleta mundialmente famoso. Porque este Bill no es otro que Bill Toomey, el decatleta promovido al Salón de la Fama Olímpico en 1984.

En 1966 estableció un récord mundial en decatlón, ganó medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1968 y ganó cinco campeonatos nacionales seguidos de decatlón, algo que todavía nadie ha podido lograr en su deporte.

Lo que llevó a Toomey a alcanzar tan grandes logros fue su disciplina. Estas palabras de Gordon MacDonald lo dicen todo: «La diferencia entre nosotros empezó los lunes por la tarde en los días de práctica. Él no le tenía miedo a la disciplina y dio el máximo. Yo le tenía miedo a la disciplina e hice lo mínimo»

Mis queridos hermanos y amigos, disciplina y constancia es el secreto. Grano a grano. Un poquito acá y otro poquito allá. Segundo a segundo. Página a página. No intentemos llegar de una vez,  mantengamos la disciplina y la constancia. Dios está de nuestro lado y con Él allí… sin duda llegamos.

Que Dios te bendiga