Lectura de hoy

Con ciento un años de retraso

Juan 5:39

Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna...

REFLEXIÓN

Corrió a más no poder para llegar cuanto antes a la escuela ese día. Era su primer día...

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Con ciento un años de retraso

Publicación:  martes 28 julio 2026   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí; Juan 5:39


Reflexión

Corrió a más no poder para llegar cuanto antes a la escuela ese día. Era su primer día de clases en la localidad de Marcachea, al sureste de Lima, Perú, y tenía muchos deseos de aprender a leer y a escribir. Sin embargo, al acomodarse en su pupitre junto a dos de sus familiares, no pudo menos que observar que tanto ellos como los demás alumnos en el aula se habían dado cuenta que él había llegado un poco tarde. ¡Es que Juan Paucar había llegado nada menos que con ciento un años de retraso! Aquel anciano indígena de la región tenía ciento ocho años de edad, y los familiares con los que habría de asistir diariamente a la escuela eran dos de sus nietos.

Aprender a leer y a escribir es la primera conquista intelectual del ser humano. Ser analfabeto es vivir en una semipenumbra. Es estar aislado de las tres cuartas partes de la vida. Es carecer de luz, de verdad, de comunicación y de contacto con casi todo lo que la humanidad ha escrito, creado, descubierto y soñado. No saber leer y escribir es vivir a medias. El hombre alcanzó su verdadera grandeza, y comenzó la marcha ascendente de la civilización, cuando inventó el arte de la escritura. Por lo tanto, no conocer ese arte es estar cortado por la mitad, ser medio ciego y tener un solo oído.

Saber leer y escribir es esencial porque la mayor revelación de Dios al hombre se encuentra en las Sagradas Escrituras. Sólo por medio de la Biblia podemos llegar a conocer a Dios plenamente. Sólo en su Palabra está escrita la verdad redentora del evangelio, que es la buena noticia acerca de su Hijo Jesucristo. Por eso debemos todos aprender no sólo a leer, sino a leer la Biblia. Desconocer las Sagradas Escrituras —nos advierte Jesucristo— nos predispone a andar equivocados. En cambio, leerlas y conocerlas —afirma el apóstol Pablo—, nos predispone a adquirir «la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús».

Mis queridos hermanos y amigos, todos los que tenemos la ventaja de saber leer debiéramos examinar la Palabra de Dios todos los días. A todos, sin excepción —mandatarios, gobernantes, legisladores, magistrados, médicos, cirujanos, científicos, astronautas, abogados, catedráticos, profesores, licenciados, estudiantes universitarios, bachilleres, ejecutivos, empresarios, obreros, padres de familia y amas de casa— nos sería de provecho eterno leer y estudiar la Biblia con dedicación. Es allí donde descubrimos a Jesucristo, lo llegamos a conocer y entonces Él nos hace sus discípulos. Estudiemos la Biblia porque ella da testimonio de Jesús.

Que Dios te bendiga