Lectura de hoy
Cuando conoces la verdad
Mateo 7:12
Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced...
REFLEXIÓN
El tren ha comenzado a moverse. Está cargado de gente de todas las edades, la mayoría obreros...
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Estudio Bíblico de la semana
A.08.- El Hijo
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Este estudio nos lleva a comprender las dos naturalezas de Jesús, como Dios y como hombre. ... |
Un millón de sapos
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Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe… Hebreos 12:1-2..
Reflexión
En ciertos lugares del mundo, las piernas de rana son un platillo de alta gastronomía. En una ocasión, un hacendado fue a la ciudad y le preguntó al dueño de un restaurante si podía utilizar un millón de piernas de sapos. El dueño del restaurante quedó asustado y quiso saber dónde pretendía el hacendado conseguir tantas piernas de sapos. El hacendado le respondió: Cerca de mi casa hay un pequeño lago que está invadido e infestado de esos bichos. Son millares y hacen un barullo infernal, croando toda la noche. ¡Me estoy volviendo loco!
Quedó decidido, entonces, que el hombre le traería quinientos sapos por semana, durante algún tiempo. La primera semana, el hacendado volvió al restaurante un poco avergonzado, pues traía en sus manos dos sapos. El comerciante le preguntó: ¿Dónde está mi pedido?
El hombre respondió: Yo estaba totalmente engañado. ¡En el lago, solo encontré dos pequeños sapos! Ellos solos son los que hacían todo el barullo.
Mis queridos hermanos y amigos, la próxima vez que alguien nos critique o se ría de nosotros, recordemos que no son miles de sapos los que hacen todo el barullo, sino apenas dos sapitos. Es seguro que mientras dos critican y ríen, cientos nos apoyan y animan. Lo mejor es dejar las preocupaciones en aquel que nos invitó a depositar nuestras cargas en Él, nuestro Señor Jesucristo.
Que Dios te bendiga
Quedó decidido, entonces, que el hombre le traería quinientos sapos por semana, durante algún tiempo. La primera semana, el hacendado volvió al restaurante un poco avergonzado, pues traía en sus manos dos sapos. El comerciante le preguntó: ¿Dónde está mi pedido?
El hombre respondió: Yo estaba totalmente engañado. ¡En el lago, solo encontré dos pequeños sapos! Ellos solos son los que hacían todo el barullo.
Mis queridos hermanos y amigos, la próxima vez que alguien nos critique o se ría de nosotros, recordemos que no son miles de sapos los que hacen todo el barullo, sino apenas dos sapitos. Es seguro que mientras dos critican y ríen, cientos nos apoyan y animan. Lo mejor es dejar las preocupaciones en aquel que nos invitó a depositar nuestras cargas en Él, nuestro Señor Jesucristo.
Que Dios te bendiga



