Lectura de hoy

La ancianita

Proverbios 12:26

Nadie es tan pobre que no pueda dar, nadie es tan rico que no necesite recibir...

REFLEXIÓN

Había una anciana campesina que, cargando con dificultad un atado de leña para alimentar...

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La ancianita

Publicación:  lunes 15 junio 2026   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Nadie es tan pobre que no pueda dar, nadie es tan rico que no necesite recibir.  Proverbios 12:26


Reflexión

Había una anciana campesina que, cargando con dificultad un atado de leña para alimentar una hoguera en la que cocinaba, caminaba lentamente hacia su casa. Su rancho era un pedazo de techo caído sobre una pared, formando un espacio triangular dentro de éste.

Un joven juez que en su tiempo libre paseaba por el campo, se encontró con ella y conmovido por la edad y las condiciones en las que vivía la humilde mujer, decidió buscar la manera de ayudarla.

La señora hablaba en forma alegre y determinada. Con entusiasmo le contó al juez que comía de lo que crecía en la granja, que tenía algunas gallinas y una vaca que le producían lo indispensable. No había tonos de queja ni de carencia en la conversación de la anciana, todo lo contrario, sus palabras estaban plenas de gratitud y esperanza. Después de haber conversado un buen rato, el juez le preguntó a la campesina:

-Disculpe señora, ¿hay alguna forma en la que la pueda ayudar? ¿Tal vez ropa, o medicinas? Si en algo puedo colaborarle solo dígame y con gusto haré lo que pueda.

La anciana guardó silencio por un momento, y finalmente respondió: -Muchas gracias, en realidad no necesito nada para mí, pero sí para el viejito.

-¿El viejito?-, preguntó el juez.

-Sí -continuó la señora-, está muy enfermo, está adentro en la casa y ya no se puede ni parar. Tiene muchos dolores por todo el cuerpo. A mí me toca hacerle todo porque el pobre no puede ni moverse.

-¿Y qué tiene su esposo?- replicó el juez, sorprendido.

-No es mi esposo -respondió la anciana-, es un viejito que encontré desamparado y ¿cómo lo iba a dejar solito? Por eso desde hace dos años que lo estoy cuidando.

Mis queridos hermanos y amigos, sin duda alguna la anciana de la historia obedeció el mandato de “amarás a tu prójimo como a tí mismo” y lo llevó al siguiente nivel. Además de obediente, un corazón renovado es motivado por el amor divino más que por la obligación de hacer algo. Esa es la clase de amor con el que Dios nos ama y esa es la clase de amor con la que tenemos que amar a nuestros semejantes.

Que Dios te bendiga