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¿Dónde está Dios?

Publicación:  miĆ©rcoles 15 mayo 2024   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, dignatario de los judíos. Éste vino a Jesús de noche y le dijo:
—Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
Le respondió Jesús:
—De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.
Juan 3:1-3


Reflexión

Una pareja tenía dos niños pequeños, de 8 y 10 años de edad, quienes eran extremadamente traviesos. Siempre estaban metiéndose en problemas y sus padres sabían que si alguna travesura ocurría en su pueblo sus hijos estaban seguramente involucrados.

La mamá de los niños escuchó que el pastor del pueblo había tenido mucho éxito disciplinando niños, así que le pidió que hablara con sus hijos. El pastor aceptó pero pidió verlos de forma separada, así que la mamá envió primero al niño más pequeño.

El pastor era un hombre enorme con una voz muy profunda, sentó al niño frente a él y le preguntó gravemente:

— ¿Dónde está Dios?

El niño se quedó boquiabierto, pero no respondió, sólo se quedó sentado con los ojos pelones.

Así que el pastor repitió la pregunta en un tono todavía más grave:

— ¿Dónde está Dios?

De nuevo el niño no contestó.

Entonces, el pastor subió de tono su voz, aún más, agitó su dedo frente a la cara del niño, y gritó:

— ¿Dónde está Dios?

El niño salió gritando del cuarto, corrió hasta su casa y se escondió en el closet, azotando la puerta.

Cuando su hermano lo encontró en el closet le preguntó:

— ¿Qué pasó?

El hermano pequeño sin aliento le contestó:

— ¡Ahora si que estamos en graves problemas hermano, han secuestrado a Dios y creen que nosotros lo tenemos!

Mis queridos hermanos y amigos, cuando tenemos un historial pecaminoso, nuestra fama nos precede. Para librarse de una mala reputación es necesario realizar cambios extremos en nuestra conducta y en nuestra vida. Solo con el correr de los años nuestra nueva reputación superará a las viejas historias. Llevar a cabo este proceso de cambio sin el Señor en nuestras vidas es prácticamente imposible, porque en esta lucha, tenemos las de perder. Son pocos los que cambian con sus propias fuerzas y son muchos los que cambian con la fuerza del Señor.

Que Dios te bendiga