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Los ricos están expuestos a gran peligro

Publicación:  lunes 22 mayo 2023   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Y les dijo:

—Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

También les refirió una parábola, diciendo: «La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: “¿Qué haré, porque no tengo donde guardar mis frutos?”. Y dijo: “Esto haré: derribaré mis graneros y los edificaré más grandes, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: `Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; descansa, come, bebe y regocíjate '”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has guardado, ¿de quién será?”. Así es el que hace para sí tesoro y no es rico para con Dios».
Lucas 12:15-21


Reflexión

Cierta persona relata lo siguiente: El señor X me conoció porque yo iba a la iglesia a la que él pertenecía. En una ocasión le pedí un consejo y me lo dio.  

Después transcurrieron algunos años sin que tuviera yo la oportunidad de verlo. Un día ese señor vino a mi casa, nos dimos los saludos de costumbre y después me preguntó si podría hablarme en lo privado. Por supuesto le dije que sí. Entramos en un cuarto donde nadie pudiera interrumpirnos.  Cuando ya estábamos a solas me dijo:

“He sabido que usted está expuesto a un gran peligro”. 

Le dije que yo no lo sabía. Enseguida agregó: 

“Así lo pensaba yo; que no lo sabía usted: por esta razón he venido a verlo. Me dicen que usted se está enriqueciendo y que le va muy bien. ¡Cuidado! Está usted en el camino por el cual millares de personas van a la ruina espiritual y se alejan de Dios para siempre!.

Siguió hablándome sobre este asunto con tanta solemnidad y sinceridad que me impresionó profundamente.  

Cuando mi buen visitante y consejero se despidió de mí, me quedé pensando en lo que habíamos conversado y decidí que haría lo posible para que el aumento de mis riquezas no me alejara de Dios, sino más bien para que éstas me acercaran a Él y para que con ellas ayudara yo a extender su reino en la tierra. Y pensé: ¿Dónde está mi corazón? ¿En mis posesiones o con el Señor?

Mis queridos hermanos y amigos, las riquezas no son el problema, es lo que hacemos con ellas lo que puede perdernos. Recordemos, el Señor nos bendice para bendecir. La pregunta procede: ¿Qué estamos haciendo con lo que el Señor nos ha dado?

Que Dios te bendiga