Lectura de hoy
La belleza de un carácter fuerte
Proverbios 11:3-6
La integridad guía a los rectos, pero a los pecadores los destruye su propia perversidad. De...
REFLEXIÓN
Hace muchos años atrás, nació un niño en Rusia. Mientras iba creciendo se veía a sí...
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Estudio Bíblico de la semana
A.08.- El Hijo
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Este estudio nos lleva a comprender las dos naturalezas de Jesús, como Dios y como hombre. ... |
Mi Padre
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Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios… 1 Juan 3:1
Reflexión
Se cuenta que un hombre llamado Ed Farell, viajó desde su hogar en Detroit para pasar dos semanas de vacaciones en Irlanda, a fin de celebrar los ochenta años de su tío. Al amanecer del gran día, Ed y su tío se levantaron temprano para ver salir el sol.
Caminaron por la orilla del lago Killarney, encantados con la hierba de color verde esmeralda y las cristalinas y azules aguas. Durante veinte minutos contemplaron juntos la escena en silencio.
Entonces, el tío comenzó a hacer algo poco típico en un hombre de ochenta años: Comenzó a brincar por la orilla del lago sonriendo como un escolar enamorado. Ed iba jadeando mientras trataba de alcanzarlo.
- Tío Seamus, te ves muy feliz. ¿Me quieres decir por qué?
- Sí -le dijo el anciano, mientras le rodaban las lágrimas por las mejillas-. Verás: el Padre me quiere mucho. Ah, mi Padre me quiere muchísimo.
Ed se quedó en una pieza mientras observaba a su anciano tío disfrutar de la relación que tenía con su Padre celestial.
Mis queridos hermanos y amigos, así sucede en nuestra vida: Nuestro Padre Celestial nos quiere muchísimo. Esta es la comunión que puede hacer reír, llorar y danzar a un corazón de ochenta años por el simple gozo de saberse amado. El tema aquí es que no fuimos hechos para la soledad; fuimos hechos para esa clase de gozo. ¡Disfrutémoslo!
Que Dios te bendiga
Caminaron por la orilla del lago Killarney, encantados con la hierba de color verde esmeralda y las cristalinas y azules aguas. Durante veinte minutos contemplaron juntos la escena en silencio.
Entonces, el tío comenzó a hacer algo poco típico en un hombre de ochenta años: Comenzó a brincar por la orilla del lago sonriendo como un escolar enamorado. Ed iba jadeando mientras trataba de alcanzarlo.
- Tío Seamus, te ves muy feliz. ¿Me quieres decir por qué?
- Sí -le dijo el anciano, mientras le rodaban las lágrimas por las mejillas-. Verás: el Padre me quiere mucho. Ah, mi Padre me quiere muchísimo.
Ed se quedó en una pieza mientras observaba a su anciano tío disfrutar de la relación que tenía con su Padre celestial.
Mis queridos hermanos y amigos, así sucede en nuestra vida: Nuestro Padre Celestial nos quiere muchísimo. Esta es la comunión que puede hacer reír, llorar y danzar a un corazón de ochenta años por el simple gozo de saberse amado. El tema aquí es que no fuimos hechos para la soledad; fuimos hechos para esa clase de gozo. ¡Disfrutémoslo!
Que Dios te bendiga



