Lectura de hoy
La belleza de un carácter fuerte
Proverbios 11:3-6
La integridad guía a los rectos, pero a los pecadores los destruye su propia perversidad. De...
REFLEXIÓN
Hace muchos años atrás, nació un niño en Rusia. Mientras iba creciendo se veía a sí...
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Estudio Bíblico de la semana
A.08.- El Hijo
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Este estudio nos lleva a comprender las dos naturalezas de Jesús, como Dios y como hombre. ... |
Sigue corriendo
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He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 2 Timoteo 4:7-8
Reflexión
Tal vez hayamos escuchado la historia de John Stephen Akhwari, el corredor de maratones de Tanzania que quedó en último lugar en las Olimpíadas de 1986 en México. Ningún corredor que haya terminado en último lugar ha quedado tan atrás.
Se lesionó mientras corría y entró al estadio cojeando con la pierna ensangrentada y vendada. Había pasado más de una hora desde que el resto de los corredores había terminado la carrera. Sólo quedaban unos cuantos espectadores en las gradas cuando Akhwari terminó de cruzar la meta.
Cuando le preguntaron por qué siguió corriendo a pesar del dolor, Akhwari contestó: «Mi país no me envió a México a iniciar la carrera. Me envió a terminarla.»
Mis queridos hermanos y amigos, la actitud de este atleta debe ser la nuestra, a medida que envejecemos. Tenemos «una carrera por delante» y hemos de seguir corriendo hasta que lleguemos a la meta final.
Nadie es demasiado viejo para servir a Dios. Debemos seguir creciendo, madurando y sirviendo hasta el final de nuestros días. Desperdiciar nuestros últimos años es robar a Su iglesia los dones selectos que Dios nos ha dado para compartir. Hay un servicio que prestar. Todavía hay mucho que hacer. Así que sigamos corriendo «con paciencia». Terminemos la carrera porque al final nos espera el Señor con una corona en la mano.
Que Dios te bendiga
Se lesionó mientras corría y entró al estadio cojeando con la pierna ensangrentada y vendada. Había pasado más de una hora desde que el resto de los corredores había terminado la carrera. Sólo quedaban unos cuantos espectadores en las gradas cuando Akhwari terminó de cruzar la meta.
Cuando le preguntaron por qué siguió corriendo a pesar del dolor, Akhwari contestó: «Mi país no me envió a México a iniciar la carrera. Me envió a terminarla.»
Mis queridos hermanos y amigos, la actitud de este atleta debe ser la nuestra, a medida que envejecemos. Tenemos «una carrera por delante» y hemos de seguir corriendo hasta que lleguemos a la meta final.
Nadie es demasiado viejo para servir a Dios. Debemos seguir creciendo, madurando y sirviendo hasta el final de nuestros días. Desperdiciar nuestros últimos años es robar a Su iglesia los dones selectos que Dios nos ha dado para compartir. Hay un servicio que prestar. Todavía hay mucho que hacer. Así que sigamos corriendo «con paciencia». Terminemos la carrera porque al final nos espera el Señor con una corona en la mano.
Que Dios te bendiga



