Lectura de hoy

La verdad es un lazo

Proverbios 19:5

El testigo falso no quedará sin castigo, el que cuenta mentiras no escapará...

REFLEXIÓN

Preparando una cena especial, una mujer se detuvo en una pequeña carnicería para comprar...

» Continúa     » Escuchar Audio  Escuchar Audio

Reciba diariamente la Lectura de Hoy en su correo electrónico sin ningún compromiso.

Suscribete a Unanimes

Estudio Bíblico de la semana

A.05.- ¿Quién es Dios?

Lecturas En este estudio abarcamos los atributos de Dios desde la perspectiva bíblica. ...

» Descargar     » Escuchar Audio  Estudios

La montaña negra

Publicación:  lunes 5 enero 2026   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Muchos son los planes del hombre, más el consejo del Señor permanecerá. Proverbios 19:21


Reflexión

"¡Voy a irme a la Montaña Negra!", gritó el pequeño Ricardo de cinco años.

"Muy bien, si eso es lo que quieres adelante", le respondió su madre abriendo la puerta y acompañándolo hasta el pórtico.

Un manto de silencio cayó sobre él. Hacía rato que ya no había sol y la oscuridad de la noche cubría el paisaje. Por el resplandor de las estrellas, apenas veía la forma de la Montaña Negra en la distancia. En plena oscuridad, el niño escuchó el movimiento de un animal entre las plantas y el aleteo de un ave en el cielo oscuro.

De pronto, el corazoncito del niño latía con más rapidez y se le había acelerado la respiración. Ir a la Montaña Negra había sido una mala idea.

¿Por qué habría dicho eso?, pensó.

Se sentó en el pórtico abrazándose las rodillas contra el pecho, mientras una lágrima le rodaba por la mejilla al tratar de controlar el miedo.

Desde la cocina, escuchó la voz de su padre que le decía: "Ricardo ¿quieres venir a cenar con nosotros?" ¡Qué alivio! pensó Ricardo, papá llamó justo a tiempo. Ricardo sin pensarlo mucho salió corriendo a los brazos de su padre.

Mis queridos hermanos y amigos, a veces, cuando estamos enojados con nosotros mismos, con los demás, con las circunstancias o hasta con Dios, queremos irnos, deseamos huir de la realidad que nos atormenta. Entonces nos enojamos y amenazamos. Incluso amenazamos a Dios con abandonarle porque pensamos “¿y de qué me sirve?” Nos sentamos en el pórtico y lloriqueamos como niños desesperados, llenos de temor y dolor. Aun así, Papá espera pacientemente y nos llama para reunirnos con el resto de la familia. Él siempre está allí con los brazos bien abiertos para nosotros, Él siempre está allí para darnos fuerza, consuelo y paz. No promete que no habrá aflicción, por el contrario, nos advierte que la habrá. Lo que sí promete es que estará con nosotros siempre. Esa es la clase de Padre que tenemos.

Que Dios te bendiga