Lectura de hoy
Un oso en la cueva
Juan 15:12-13
Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor...
REFLEXIÓN
Una antigua historia habla de dos adolescentes que exploraban una cueva cuando vieron lo que...
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Estudio Bíblico de la semana
A.06.- La Trinidad
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Estudio sobre la doctrina de la Trinidad Divina. ... |
El ciervo
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El hombre iracundo provoca contiendas; el furioso, a menudo peca.
La soberbia del hombre le acarrea humillación, pero al humilde de espíritu lo sustenta la honra. Proverbios 29:22-23
Reflexión
Dice una antigua fábula lo siguiente:
Llegó un ciervo a una fuente cristalina de aguas y vio en la limpia superficie de ellas sus largas y delgadas piernas a la vez que veía sus hermosos cuernos.
Es verdad lo que dicen de mí, exclamó; ¡supero a todos los demás animales en gracia y en nobleza! ¡Qué majestuosamente se levantan mis cuernos! Pero, ¡qué feos y qué delgaditos son mis pies!
En eso vio salir del bosque un león: Pies, para qué los quiero, y en dos saltos se puso fuera del alcance de su adversario. Pero cuenta la fábula que, acertando a pasar en su precipitada fuga por una espesura, sus cuernos se enredaron en la maleza y el león le dio alcance y lo devoró.
Los pies, que tanto despreciaba antes lo salvaron; pero los cuernos, en que tanto orgullo tenía, le perdieron.
Mis queridos hermanos y amigos, ¡cuán cierto es que generalmente nos perdemos por aquello que nos produce orgullo! Cuando nos sentimos superiores tendemos a ver como inferior al humilde. Craso error, la soberbia nos hunde, la humildad nos eleva. En el Reino de Dios las cosas funcionan al revés. Nuestro Señor exalta a los humildes y humilla a los exaltados.
Que Dios te bendiga
Llegó un ciervo a una fuente cristalina de aguas y vio en la limpia superficie de ellas sus largas y delgadas piernas a la vez que veía sus hermosos cuernos.
Es verdad lo que dicen de mí, exclamó; ¡supero a todos los demás animales en gracia y en nobleza! ¡Qué majestuosamente se levantan mis cuernos! Pero, ¡qué feos y qué delgaditos son mis pies!
En eso vio salir del bosque un león: Pies, para qué los quiero, y en dos saltos se puso fuera del alcance de su adversario. Pero cuenta la fábula que, acertando a pasar en su precipitada fuga por una espesura, sus cuernos se enredaron en la maleza y el león le dio alcance y lo devoró.
Los pies, que tanto despreciaba antes lo salvaron; pero los cuernos, en que tanto orgullo tenía, le perdieron.
Mis queridos hermanos y amigos, ¡cuán cierto es que generalmente nos perdemos por aquello que nos produce orgullo! Cuando nos sentimos superiores tendemos a ver como inferior al humilde. Craso error, la soberbia nos hunde, la humildad nos eleva. En el Reino de Dios las cosas funcionan al revés. Nuestro Señor exalta a los humildes y humilla a los exaltados.
Que Dios te bendiga



