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No debo desobedecer a mi maestra

Publicación:  Wednesday 18 November 2020   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. «Honra a tu padre y a tu madre» —que es el primer mandamiento con promesa—, para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra.
Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.
Efesios 6:1-4


Reflexión

Con mala ortografía y torpe letra el chico comenzó a escribir. Evidentemente el muchacho era rebelde e indisciplinado. Como castigo, la maestra le había asignado una tarea especial. Debía escribir, 300 veces, la frase: «No debo desobedecer a mi maestra.»

Se trataba de Jorge Licea, de origen mexicano. Estaba asistiendo a una escuela pública en la ciudad de Los Ángeles, California. Jorge escribió, y escribió, hasta el fin de la clase. Al día siguiente Jorge llegó temprano a la escuela, pero no se juntó con sus amigos. Estaba como confundido y melancólico.

Quieto y sombrío, se detuvo en la puerta de su aula y comenzó a llorar. Luego, ante el espanto de sus compañeros, sacó de su bolsillo un revólver, se lo puso a la sien y apretó el gatillo. Jorge Licea tenía diez años de edad.

Este caso conmovió a la gran ciudad. Terminada la investigación, se halló que la causa de la tragedia no era la tarea que la maestra le había dado. El castigo sólo hizo estallar una causa que era mucho más profunda que una simple tarea. La causa, que procedía de la vida del muchacho, tenía que ver con su hogar. Allí estaba evidenciada la fórmula de siempre: pobreza, violencia, drogas, alcohol y maltrato. El niño vivía en un infierno. Con apenas diez años de edad, ya había aguantado todo lo que un ser humano es capaz de aguantar. Y como no vio salida alguna, optó por quitarse la vida.

Mis queridos hermanos y amigos, ¿será el ambiente de nuestro hogar uno que podría dar lugar a la confusión y al deterioro moral de nuestros hijos? Nuestro hogar es el único albergue que ellos tienen y la vida presente y futura de ellos será una copia exacta de lo que es el hogar actual. Es bien sabido que la conducta de los hijos la modelan los padres. Es por eso que cuando un hijo no se comporta debidamente hay que mirar a sus padres, seguramente encontraremos las causas allí. Y probablemente las causas se remontan a un pasado lejano donde padres criaron a sus hijos como ellos mismos fueron criados y así se prolonga una cadena de desgracias en las familias. ¡Hay que romper con eso! Cristo provee una nueva vida a aquellos que se entregan a Él. En esta nueva vida los padres aman y disciplinan a sus hijos y los hijos aman y obedecen a sus padres. Eso se traduce en relaciones sanas y duraderas. Ese es precisamente el modelo bíblico, el modelo que el Señor ordena.

Que Dios te bendiga