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Ratoneras de la vida

Publicación:  Friday 23 October 2020   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga. Mateo 11:28-30


Reflexión

Largo rato atisbó la llegada de la joven. Sabía que todas las noches, a las diez en punto, regresaba del trabajo. Era una joven bella, atractiva, verdadera flor de Málaga, España. Tal como él lo esperaba, la joven llegó. Tan pronto como ella abrió la puerta y entró, él se abalanzó sobre ella. Sin embargo, las cosas no salieron bien. José Olmedo, el asaltante, se vio en una ratonera. La señorita corrió y alcanzó la puerta de su apartamento y escapó. Olmedo se encontró de pronto en una situación difícil. Estaba en el vestíbulo y ninguna puerta se abría a menos que pulsara el código. Dentro del vestíbulo del gran edificio de apartamentos, el joven de veintidós años, fue arrestado por la policía.

Le llamamos «ratonera» a una situación que no tiene solución. También se le llama «callejón sin salida» y «punto sin retorno». Se trata de una de esas condiciones imposibles de la vida. La gran mayoría de ellas, como en el caso de Olmedo, las producimos nosotros mismos con nuestros errores y nuestros excesos. Pero a veces, por esas situaciones ingobernables de la existencia, se producen solas. En todo caso, son circunstancias que nos atrapan en una ratonera de la vida, sin puerta de escape, sin socorro y sin protección.

¿Realmente hay ratoneras? ¿Hay situaciones insolubles? No, no las hay. Cuando todo recurso se ha agotado, siempre queda Dios. Y no es que Dios haga caso omiso del pecado, Él cambia el corazón humano para que su tendencia hacia el pecado disminuya. Su invitación es franca, firme y segura. He aquí las palabras de Cristo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.»

Nuestro mayor problema no es un callejón sin salida. Es el vivir la vida sin Jesús como nuestro Señor. O tratamos, debido a nuestro orgullo, de resolver nuestro propio dilema, hundiéndonos más en el problema, o cedemos a la depresión que, para colmo de males, nos lleva a considerar el suicidio. Solos no podemos salir de la ratonera.

Mis queridos hermanos y amigos, la vida siempre nos va a presentar situaciones imprevistas, problemas, al parecer, insolubles. Vivimos en un mundo lleno de corrupción, de maldad y de dolor. Pongamos nuestro problema en las manos de nuestro Señor. Entreguémosle a Él esa dificultad que nos está consumiendo. A Jesús nada puede sorprenderlo ni amedrentarlo. Él es Dios y puede socorrernos. Basta con que le digamos: «Señor yo no puedo, pero tú sí.» Eso no es un conjuro que saca a un genio de la botella, es más bien un reconocimiento de nuestra incapacidad e incompetencia y del Señorío de Cristo. Hay que aceptar la invitación cursada en la lectura de hoy, y ponerse en sus preciosas manos. Él sabrá y Él decidirá.

Que Dios te bendiga