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¿Qué tanto es un milímetro?

Publicación:  Wednesday 14 October 2020   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Le dijo Tomás:
—Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
Jesús le dijo:
—Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.
Juan 14: 5-6


Reflexión

El ejército dependía de los fusiles calibre 7 milímetros modelo 1912. Como carecía de munición para ese armamento, se le encargó al jefe de la expedición militar que la trajera de Francia. Antes del asalto a la fortaleza enemiga, se repartió la munición francesa entre todos los soldados, pero resultó que no era de 7 sino de 8 milímetros. Los soldados procuraron meter en el cargador los cartuchos, pero no entraban. El mayor Domingo Espinel le rindió este informe al general:

—Mi general, se presenta una situación sumamente grave: tenemos fusiles calibre 7 milímetros y la munición que han traído de Francia es calibre 8 milímetros.

El general respondió: —Pero, mayor, ¿qué tanto es un milímetro?

Esta anécdota la cuenta un general y ex presidente colombiano con relación al Conflicto Amazónico entre 1932 y 1934. Ahora bien, ¿por qué nos resulta tan gracioso lo que sucedió? Porque sabemos que la munición —es decir, las balas— no entran en el fusil por el esfuerzo que se haga por conseguirlas, ni por el rango del soldado encargado de conseguirlas, ni por lo mucho que se necesitan ni por la sinceridad del que las busca. Entran sólo si cumplen con el requisito indispensable de ser del calibre determinado de antemano por el fabricante del fusil.

En cierto sentido, los seres humanos somos como esa munición. Cuando Tomás le preguntó a Jesucristo: «Señor,... ¿cómo podemos conocer el camino?», Jesús le contestó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí.» Con esto Cristo nos dio a conocer el requisito indispensable para entrar en el cielo. Ese requisito es como el calibre de 7 milímetros; el cielo es como el fusil. Y el único medio de conseguir la entrada al cielo es Jesucristo. De nada valen el esfuerzo ni la supuesta categoría del que quiera conseguirla, ni lo mucho que la necesite ni la sinceridad con que procure lograrla. El que esté sinceramente equivocado no entrará, haga lo que haga. La única llave que abre la puerta del cielo es Cristo.

Mis queridos hermanos y amigos, ¿de qué calibre son las balas con las que estamos procurando entrar en el cielo? Si no corresponde a la medida exacta prescrita por Dios, de nada nos valdrá todo nuestro empeño. No pensemos que en el día del juicio recibiremos una respuesta favorable si llegamos a decir: «Pero, Señor, ¿qué tanto es un milímetro?»

Que Dios te bendiga