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Quien lo pierde, pierde un tesoro

Publicación:  Wednesday 30 September 2020   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



Cuando a Dios hagas promesa, no tardes en cumplirla, porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es no prometer que prometer y no cumplir. Eclesiastés 5:4-5


Reflexión

Cuentan que al ministro de una iglesia le estaban dando su banquete de despedida después de veinticinco años de trabajo en la comunidad que tenía a su cuidado.

A un político, miembro de la comunidad, lo invitaron a que pronunciara un breve discurso. Pero como el político tardaba en llegar, el buen ministro tomó la palabra él mismo para disimular el hecho de que su feligrés aún no había llegado.

—Mi primera impresión de la comunidad la tuve durante la primera reunión con un feligrés que vino a hablarme. Después de ello pensé que Dios me había enviado a un lugar terrible, ya que la primera persona con la que hablé confesó que se había robado un televisor, que les había robado dinero a sus padres y que había robado también en la empresa donde trabajaba, además de tener relaciones sexuales con la esposa de su jefe. Por si eso fuera poco, dijo que en ocasiones se dedicaba al tráfico de drogas. Y por último, confesó que le había transmitido una enfermedad venérea a su propia hermana. Yo me quedé asombrado, asustadísimo y perplejo .

Con el paso del tiempo fui conociendo a más personas y vi que no eran todas así. Me di cuenta de que la comunidad estaba llena de gente responsable, con valores, comprometida con su fe. De ahí que los años más maravillosos de mi ministerio hayan sido estos últimos veinticinco.

En ese momento preciso llegó el político y se le dio la palabra. Luego de pedir disculpas por haber llegado tarde, comenzó su discurso con estas palabras:

—Nunca olvidaré ese día, ya hace veinticinco años, en que llegó el ministro a nuestra comunidad. Tuve el honor de ser el primero que habló con él.

Mis queridos hermanos y amigos, más allá de aprender la lección de que la falta de puntualidad pudiera costarnos mucho, a todos nos convendría preguntarnos qué razones hay para ser puntuales, como se jactan de serlo otras culturas. Una de las razones más válidas está en el conocido refrán que dice: "El tiempo es oro" o "el tiempo es vida". Otra razón que podemos citar para ser puntuales es que así evitamos que se nos juzgue de creernos superiores a los demás, pues en el interior de nuestro ser consideramos que todos "deben esperarnos". Usualmente cuando pensamos así, además somos poco tolerantes con los otros que llegan tarde.

La Biblia nos manda a ser personas que cumplen su palabra. Una razón más para ser puntuales es que así también evitamos que se nos juzgue de ser personas que no cumplen lo que prometen. Por eso, en la lectura de hoy, Salomón, el maestro del libro de Eclesiastés, sin vueltas ni rodeos, nos exhorta a que cumplamos nuestros compromisos con los demás, comenzando con Dios mismo. La fidelidad en el cumplimiento de nuestra palabra es un rasgo más de nuestro carácter y es sin duda un atributo divino en el cual todos descansamos... Su fidelidad.

Que Dios te bendiga