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Alegre y triste

Publicación:  martes 7 enero 2025   |  Escuchar Audio  Escuchar Audio |  Enviar a un amigo Enviar a un amigo



No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho destruyen, y donde ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde ladrones no entran ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Mateo 6:19-20


Reflexión

Cuenta una vieja leyenda que tres hombres estaban una vez cruzando un desierto a caballo durante la noche. Cuando se acercaban a un riachuelo seco escucharon una voz que les ordenó desmontarse, recoger unas piedras, ponérselas en los bolsillos y no mirarlas hasta la mañana siguiente. A los hombres se les prometió que si obedecían, iban a estar alegres y tristes a la vez.

Luego de hacer lo que les indicaron, los tres montaron en sus caballos y siguieron su camino.

Cuando empezaron a salir los primeros rayos de sol, los hombres se metieron la mano en los bolsillos para sacar las piedras. Para su gran sorpresa, se habían transformado en diamantes, rubíes y otras gemas preciosas. Fue entonces cuando se dieron cuenta del significado de la promesa de que estarían alegres y tristes a la vez. Estaban alegres por haber escogido la cantidad de piedras que recogieron, pero tristes -muy tristes- por no haber recogido más.

Mis queridos hermanos y amigos, ¿Será que nosotros vamos a sentir lo mismo cuando lleguemos al cielo? ¿Estaremos contentos con el tesoro que acumulamos en el cielo mientras estábamos en la tierra y gozosos por las recompensas que Cristo nos dará? ¿Lamentaremos no haber hecho más para servirle? La respuesta a estas preguntas es un tanto truculenta. Los verdaderos tesoros serán recibidos si nuestras acciones en la tierra fueron desinteresadas. El Sermón del Monte (capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio de Mateo) claramente nos insta a servir de corazón, a ser creyentes de corazón, a ser obedientes de corazón, a ser completamente desinteresados y a actuar por el solo hecho de amar a nuestro Padre y a nuestros semejantes. Es entonces cuando las piedras se convertirán en joyas y nuestras acciones en tesoros.

Que Dios te bendiga