Lectura de hoy
Conserva tu tenedor
Juan 14:1-4
No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre...
REFLEXIÓN
Había una mujer que había sido diagnosticada con una enfermedad incurable y a la que le...
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Estudio Bíblico de la semana
A.07.- El Padre
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Estudio relacionado con la primera persona de la Trinidad, el Padre ... |
Tu luz
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Otra vez Jesús les habló, diciendo:
—Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12
Reflexión
Un sabio maestro, contó a sus discípulos la siguiente historia:
“… Varios hombres habían quedado encerrados por error en una oscura caverna donde no podían ver casi nada. Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró encender una pequeña tea. Pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver nada. Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás a que prendieran su propia tea y así, compartiendo la llama con todos, la caverna se iluminó”.
Uno de los discípulos preguntó:
“¿Qué nos enseña, maestro, este relato?”
El Sabio contestó:
“Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el prójimo. Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino que por el contrario la hace crecer.”
Mis queridos hermanos y amigos, la luz que vino al mundo hace más de 2,000 años no se apaga ni se agota. Por el contrario, las buenas noticias de perdón traídas por Jesús son una luz que al compartirla se acrecienta. Comuniquemos las buenas nuevas, expandamos la luz, cumplamos con el mandato de ser luz. Así el mundo tendrá la oportunidad de salir de la oscuridad y glorificar a nuestro Padre celestial. Él mandó a Jesús precisamente para eso, para ser la luz del mundo; y dejó a Su iglesia en la tierra para que propagara esa luz. Cumplamos con el mandato celestial, es nuestro deber.
Que Dios te bendiga
“… Varios hombres habían quedado encerrados por error en una oscura caverna donde no podían ver casi nada. Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró encender una pequeña tea. Pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver nada. Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás a que prendieran su propia tea y así, compartiendo la llama con todos, la caverna se iluminó”.
Uno de los discípulos preguntó:
“¿Qué nos enseña, maestro, este relato?”
El Sabio contestó:
“Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el prójimo. Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino que por el contrario la hace crecer.”
Mis queridos hermanos y amigos, la luz que vino al mundo hace más de 2,000 años no se apaga ni se agota. Por el contrario, las buenas noticias de perdón traídas por Jesús son una luz que al compartirla se acrecienta. Comuniquemos las buenas nuevas, expandamos la luz, cumplamos con el mandato de ser luz. Así el mundo tendrá la oportunidad de salir de la oscuridad y glorificar a nuestro Padre celestial. Él mandó a Jesús precisamente para eso, para ser la luz del mundo; y dejó a Su iglesia en la tierra para que propagara esa luz. Cumplamos con el mandato celestial, es nuestro deber.
Que Dios te bendiga



