Lectura de hoy
La verdad es un lazo
Proverbios 19:5
El testigo falso no quedará sin castigo, el que cuenta mentiras no escapará...
REFLEXIÓN
Preparando una cena especial, una mujer se detuvo en una pequeña carnicería para comprar...
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Estudio Bíblico de la semana
A.05.- ¿Quién es Dios?
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En este estudio abarcamos los atributos de Dios desde la perspectiva bíblica. ... |
La carrera
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Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe... Hebreos 12:1-2
Reflexión
En 1992, los Juegos Olímpicos de verano se celebraron en Barcelona, España. Uno de los corredores de la carrera de 400 metros planos era un atleta inglés llamado Derek Redmond. Había entrenado durante años para competir en las Olimpíadas.
Mientras corría a toda velocidad bajo un calor moderado, se lastimó el tendón de la corva y se desplomó a la pista con mucho dolor. Decidido a seguir, Derek logró ponerse de pie. Iba cojeando hacia la meta cuando su padre descendió por la pared y saltó a la pista. Antes de que nadie pudiera detenerlo, Jim Redmond llegó a donde estaba su hijo. El joven corredor se apoyó sobre el hombro de su padre al tiempo que se tambaleaba para terminar la carrera.
Toda la multitud se puso de pie y vitoreó a los dos hombres. Cuando cruzaron la meta, fue como si el corredor, su padre y los espectadores lo hubieran logrado juntos.
Mis queridos hermanos y amigos, así es nuestra vida, como una carrera. Perseveremos hasta el fin siguiendo el ejemplo de aquellos que han ido antes que nosotros. Necesitaremos todo el vigor espiritual para terminarla, pero no corremos la carrera solos. Nuestro Padre celestial nos ayudará a llegar a la meta. Así es Él.
Que Dios te bendiga
Mientras corría a toda velocidad bajo un calor moderado, se lastimó el tendón de la corva y se desplomó a la pista con mucho dolor. Decidido a seguir, Derek logró ponerse de pie. Iba cojeando hacia la meta cuando su padre descendió por la pared y saltó a la pista. Antes de que nadie pudiera detenerlo, Jim Redmond llegó a donde estaba su hijo. El joven corredor se apoyó sobre el hombro de su padre al tiempo que se tambaleaba para terminar la carrera.
Toda la multitud se puso de pie y vitoreó a los dos hombres. Cuando cruzaron la meta, fue como si el corredor, su padre y los espectadores lo hubieran logrado juntos.
Mis queridos hermanos y amigos, así es nuestra vida, como una carrera. Perseveremos hasta el fin siguiendo el ejemplo de aquellos que han ido antes que nosotros. Necesitaremos todo el vigor espiritual para terminarla, pero no corremos la carrera solos. Nuestro Padre celestial nos ayudará a llegar a la meta. Así es Él.
Que Dios te bendiga



