Lectura de hoy
¿De cuántas cosas nos estamos perdiendo?
Salmos 139:14
Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma...
REFLEXIÓN
En una fría mañana de Enero, un hombre se sentó en una estación de metro en Washington...
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Estudio Bíblico de la semana
A.08.- El Hijo
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Este estudio nos lleva a comprender las dos naturalezas de Jesús, como Dios y como hombre. ... |
¿De cuántas cosas nos estamos perdiendo?
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Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. Salmos 139:14
Reflexión
En una fría mañana de Enero, un hombre se sentó en una estación de metro en Washington DC y comenzó a tocar el violín. Interpretó seis piezas de Bach durante unos 45 minutos. Durante ese tiempo, ya que era hora de mucho tránsito, pudieron haber pasado unas 1.100 personas, la mayoría de ellos camino al trabajo.
Tres minutos pasaron y un hombre de mediana edad se dio cuenta de que había un músico tocando el violín. Aminoró el paso y se detuvo por unos segundos y luego se apresuró a cumplir con su horario. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina, una mujer arrojó el dinero en la pequeña caja y sin parar siguió caminando.
Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escucharle, pero entonces el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que se le hizo tarde para el trabajo.
El que puso la mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre había pasado de largo muy apresurada, pero el chico se detuvo a mirar al violinista. Por último, la madre empujó duro y el niño siguió caminando, volviendo la cabeza todo el tiempo. Esta acción fue repetida por otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.
En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y permanecieron por un tiempo. Alrededor de 20 le dieron dinero, pero siguieron caminando a su ritmo normal. El músico recaudó $ 32. Cuando terminó de tocar y el silencio se hizo cargo, nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento. Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo. Él había tocado una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín que tenía un valor de 3,5 millones de dólares.
Dos días antes de tocar en el metro, Joshua Bell había agotado las entradas en un teatro en Boston, donde los asientos tenían un valor promedio de $100.
Esta es una historia real. Joshua Bell estaba tocando de incógnito en la estación del metro gracias al diario The Washington Post, que estaba llevando a cabo un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente. Las líneas generales fueron los siguientes: en un entorno común a una hora inapropiada: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado? Una de las posibles conclusiones de esta experiencia podría ser: Si no tenemos un momento para detenernos y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando la mejor música jamás escrita, ¿de cuántas otras cosas nos estamos perdiendo?
Mis queridos hermanos y amigos, mucho mayor que la obra de Bach es la creación de Dios. Podemos extasiarnos viendo todo lo que Él ha hecho. El rey David nos dice: Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Permitámonos apreciar lo que Dios ha hecho, los lirios del campo, los pajaritos cantando en los árboles, un bello amanecer, un atardecer bucólico. El Señor nos ha dado todo esto para nuestro aprecio y disfrute. No lo despreciemos por andar de prisa. Es un regalo… aprovechémoslo.
Que Dios te bendiga
Tres minutos pasaron y un hombre de mediana edad se dio cuenta de que había un músico tocando el violín. Aminoró el paso y se detuvo por unos segundos y luego se apresuró a cumplir con su horario. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina, una mujer arrojó el dinero en la pequeña caja y sin parar siguió caminando.
Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escucharle, pero entonces el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que se le hizo tarde para el trabajo.
El que puso la mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre había pasado de largo muy apresurada, pero el chico se detuvo a mirar al violinista. Por último, la madre empujó duro y el niño siguió caminando, volviendo la cabeza todo el tiempo. Esta acción fue repetida por otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.
En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y permanecieron por un tiempo. Alrededor de 20 le dieron dinero, pero siguieron caminando a su ritmo normal. El músico recaudó $ 32. Cuando terminó de tocar y el silencio se hizo cargo, nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento. Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo. Él había tocado una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín que tenía un valor de 3,5 millones de dólares.
Dos días antes de tocar en el metro, Joshua Bell había agotado las entradas en un teatro en Boston, donde los asientos tenían un valor promedio de $100.
Esta es una historia real. Joshua Bell estaba tocando de incógnito en la estación del metro gracias al diario The Washington Post, que estaba llevando a cabo un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente. Las líneas generales fueron los siguientes: en un entorno común a una hora inapropiada: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado? Una de las posibles conclusiones de esta experiencia podría ser: Si no tenemos un momento para detenernos y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando la mejor música jamás escrita, ¿de cuántas otras cosas nos estamos perdiendo?
Mis queridos hermanos y amigos, mucho mayor que la obra de Bach es la creación de Dios. Podemos extasiarnos viendo todo lo que Él ha hecho. El rey David nos dice: Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Permitámonos apreciar lo que Dios ha hecho, los lirios del campo, los pajaritos cantando en los árboles, un bello amanecer, un atardecer bucólico. El Señor nos ha dado todo esto para nuestro aprecio y disfrute. No lo despreciemos por andar de prisa. Es un regalo… aprovechémoslo.
Que Dios te bendiga



